Julia es una mujer de 86 años, viuda, ingresada en el hospital desde hace 14 días a causa de un ictus isquémico que le ha producido una hemiparesia derecha.
Anteriormente a este proceso, vivía de manera autónoma en su casa, en un pueblo de la provincia de Palencia. La casa presenta numerosas barreras arquitectónicas: en el W.C., en la cocina, los dormitorios se encuentran en la planta de arriba y en la entrada a la vivienda hay un tramo de escaleras. Ante la imposibilidad de volver a residir allí por las secuelas del ictus, decide, junto con sus tres hijos, ingresar en un centro residencial, donde la puedan atender, cuidar y ayudar en su proceso de recuperación.
Aunque han valorado que ésta es la mejor opción, tiene mucho miedo a no adaptarse a la dinámica del centro, a la convivencia con el resto de residentes y trabajadores.