Javier, es un agente de Policía Municipal, de 47 años de edad, deportista habitual, sin antecedentes previos de patologías físicas ni mentales y con valoraciones psicológicas en exámenes de vigilancia de la salud previos dentro de la normalidad.
Javier presta, desde hace 5 años, sus servicios en el grupo de prevención (patrulla en vehículo policial). Anteriormente, debido a su cualificación trabajó en el grupo de recursos humanos de Policía Municipal, realizando tareas de tipo administrativo.
Según comentó en el último reconocimiento médico, se encuentra laboralmente satisfecho en éste puesto de trabajo, no refiriendo ningún conflicto con compañeros ni jefaturas, ni haber presenciado ningún suceso con impacto emocional intenso previo relacionado con su actividad laboral ni extralaboral.
Según nos informa su jefe directo, Javier, durante el pasado fin de semana, en un turno nocturno con varias intervenciones que supusieron gran cansancio físico, fue requerido con urgencia para que acudiera a un domicilio ya que un adulto, armado con una escopeta de caza, estaba amenazando a su esposa y a su hijo de 5 años.
Al acudir al domicilio, Javier observó al padre, con un importante estado de agitación mental, sujetando a su hijo por el cuello, apuntándoles con la escopeta a la cabeza y amenazando, a gritos, a su esposa que si le abandonaba mataría a su hijo.
Javier intentó calmarlo y mediar en la situación, pero en un instante la esposa intentó coger a su hijo y en ese momento el padre disparó sobre la cabeza del niño provocándole la muerte instantánea. Al momento el padre se suicidó de un disparo con su escopeta.
Este suceso provocó en Javier un estado de malestar emocional muy intenso que le produjo un estado de “embotamiento” y le indujo sentimientos intensos de rabia, desesperación, ansiedad y culpa.